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El Gobierno y las Obras Públicas

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Por Evelio Arroyo/ Sociólogo, Abogado y Escritor
Las criticas a las grandes obras  que realiza el Estado, a través de los diferentes gobiernos, siempre ha sido “el pan nuestro de cada día” en la política nacional. Estas criticas muchas son validas porque desean que los gobiernos orienten las inversiones publicas de forma que les den prioridad a obras  que son indispensables para el desarrollo del país y sus gente,  contrario a obras de infraestructuras que se convierten en barriles sin fondo para el Estado, debido a las grandes cantidades de millones de pesos que entrañan su construcción y luego los cientos de millones de pesos que estas implican para el pago de su mantenimiento  y los subsidios que muchas veces se derivan para el funcionamiento de estas, por eso muchas de esas grandes obras en ocasiones se convierten en grandes cargas para los ciudadanos de menores ingresos, que son los que al final cargan con “los platos rotos” de los desaciertos y ambiciones que muchas veces acompañan las iniciativas de inversión de los gobiernos.

La mayoría de las veces la construcción de obras de infraestructuras representan un paso de avance para el país que las construye, siempre que las mismas obedezcan a una necesidad prioritaria del país en cuestión, sin embargo si las obras construidas sólo obedecen al deseo de obtener ventajas y beneficios  por parte del gobierno de turno, a través de las comisiones que esas obras generan para beneficiar a sus ejecutores, entonces en esas condiciones “es más la sal que el chivo” porque si esos son los criterios que animan a los ejecutores de las mismas, al final quienes salen perjudicados son los ciudadanos que deberán de pagar con impuestos los dineros que han ido a parar a los bolsillos de quienes se están beneficiando de esas obras de construcción.

La mayoría de las obras que construyen los gobiernos siempre las hemos visto positivas para el país que las construye, lo que siempre hemos criticado son las obras de infraestructuras  que absorben gran parte del presupuesto de la nación  sin tener un carácter  prioritario para resolver necesidades muy puntuales para la subsistencia de la gente.

Cuando se construyen obras publicas obedeciendo al único propósito de que estas dejaran altas comisiones  a sus ejecutores del gobierno de turno, sin que ellas sean necesidades prioritararias para la gente, ello no es sólo criticable, sino, además, abominable, porque ello no contribuye al desarrollo ni a la justicia social en el país, ya que para hablar de desarrollo y de justicia social se hace necesario que los gobiernos distribuyan las riquezas del Estado entre los sectores mas pobres de la nación, esta distribución debe obedecer a criterios de equidad, ya que si sólo priman los criterios de las ventajas y las comisiones, entonces en esas condiciones, miles de millones de pesos pasan a los bolsillos de un reducido grupo del gobierno de turno y ello no contribuye al desarrollo de un país.  

Las obras de construcciones  orientadas hacia el crecimiento y el desarrollo son y serán de utilidad para cualquier nación que se preocupe, de manera real, por el bienestar de la gente. Cuando las  inversiones publicas son concebidas con el criterio de que beneficien a la mayoría del país y tienen un lugar de prioridad  en las necesidades de la gente, las mismas tienen un carácter de obligación para un gobierno, sin embargo si las inversiones publicas  sólo obedecen a los caprichos e intereses del grupo en el mando político con fines ulteriores, como ocurre ahora  con este gobierno, cuya única preocupación es construir la realidad de los hechos con imágenes a través de los medios de comunicación y no con hechos y realizaciones tangibles, por eso vemos la deformación de la realidad que vive la mayoría de dominicanos. Esta deformación de la realidad es la que imposibilita que muchos dominicanos no alcancen a ver  los altos niveles de pobreza que ha alcanzado el país en estos últimos años, donde en la actualidad los mismos han llegado a un 49% de la totalidad de los dominicanos y dominicanas, esto quiere decir que como nación tenemos cinco millones de pobres con el agravante  de que de esos 5 millones hay un millón y medio en la indigencia, esto es personas que se levantan de sus camas y no saben qué comerán ese día, esto sin mencionar los niveles precarios de salud que esta situación provoca y sin mencionar, además, las cifras de analfabetismo que la misma situación provoca, día a día, en esos sectores de la población dominicana.

Por eso, todo gobierno que desea construir grandes obras debe mirar cuántos millones de personas podrían ser afectadas si las mismas obedecen a una actitud egoísta de sacar grandes tajadas  económicas, aunque para ello tengan que sacrificar la vida de muchas personas que son victimas de sus ambiciones. Por eso los gobiernos deben actuar con mucha cautela al  momento de realizar  inversiones publicas, ya que cuando una obra de construcción beneficia a una minoría  y destruye la esperanza de la mayoría, porque ella tendrá que pagar los subsidios y los mantenimientos de esas grandes obras con el pago de impuestos, entonces cuando eso ocurre ello no sólo es injusto, si no también  indigno antes los ojos de la mayoría  nacional afectada.

Al  visualizar los efectos sociales de  las inversiones publicas debemos decir que cuando un gobierno construye viviendas o apartamento, por ejemplo, para favorecer a familias de los sectores medios y pobres de la sociedad no tiene que pagar subsidios ni mantenimiento de esas unidades cuando pasan a manos de sus propietarios porque esos servicios en este tipo de construcción, se les transfieren a sus propietarios, una  vez estos pasan a vivir en sus viviendas  o apartamentos. Cuando se construyen ese tipo de unidades se contribuye al crecimiento de los ingresos y la estabilidad de las familias beneficiadas porque sus dueños tendrán que pagar intereses más blandos por las mismas. Cuando se construyen grandes obras, por el contrario, los pagos por conceptos de mantenimiento y subsidios los pagan los ciudadanos comunes que la mayoría de las veces no se benefician con esas obras.  

Desde el punto de vista social y los beneficios que se derivan de las inversiones en viviendas y apartamentos hay miles de familias que se benefician con la construcción de esas unidades porque ellas dinamizan el pequeño comercio y los miles de personas  que dependen de esos  pequeños negocios. Por eso, cualquier gobierno que privilegie ese tipo de obras para beneficiar a los sectores medios y pobre de la sociedad esta trabajando a favor del bienestar de los ciudadanos.  
 
 
 

Otros tipos de inversiones que son prioritarias  y van en la dirección de beneficiar a la gente son aquellas que están orientadas a darle soporte a la producción nacional a través de la construcción de puentes, carreteras, caminos vecinales avenidas, acueductos, canales de riegos, escuelas, hospitales, alcantarillados, en ese mismo orden la construcción de calles, contenes y aceras  en los sectores altos, medios y bajos de la sociedad, todas estas pequeñas obras contribuyen al crecimiento y bienestar de la gente. Contrario a las megas obras, que no son prioridad para ningún país pobre, como el nuestro, que adolece de miles  de obras públicas que constituyen necesidades indispensables para el desarrollo del día a día en la vida de la gente. Las megas obras sólo se podrían justificar, en países pobres, cuando  hayan realizado la construcción de esas pequeñas obras que son vitales para los sectores mayoritarios del país.      

   

 
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